En esta instancia dejamos de lado el análisis del corto plazo para ampliar la mirada y observar el escenario climático de largo plazo, con foco en lo que resta del verano, el otoño y una primera aproximación al invierno.
Este tipo de análisis no busca dar certezas absolutas, sino construir un marco de referencia que permita anticipar escenarios y mejorar la planificación productiva.
El primer punto de análisis es el comportamiento del sistema Niño–Niña (ENSO), un indicador clave para entender la dinámica climática a escala regional.
Actualmente seguimos bajo la influencia de un evento La Niña, aunque con características particulares:
Según los modelos, este evento tendría incidencia principalmente durante enero y febrero. A partir de fines de febrero o comienzos de marzo se observa una rápida transición hacia condiciones neutrales.
Por el momento, no hay señales claras ni consistentes que permitan anticipar un nuevo evento Niño o Niña hacia la próxima primavera, por lo que cualquier proyección en ese sentido debe tomarse con cautela.
Más allá del fenómeno macro, el verdadero foco está en cómo este escenario impacta en cada región productiva.
Para esta región, los modelos muestran una tendencia a precipitaciones levemente por debajo de lo normal durante enero y febrero.
En marzo se observa un ajuste a la baja respecto de informes anteriores, lo que sugiere que la influencia residual de La Niña podría extenderse parcialmente.
A partir de abril, el escenario muestra una recomposición progresiva, con:
Durante enero, febrero y marzo se esperan:
Esto implica baja frecuencia y lluvias moderadas, una variable clave para el manejo del agua útil y la eficiencia en el uso de los recursos.
En cuanto al comportamiento térmico, febrero se posiciona como el mes más exigente, incluso por encima de enero.
La persistencia de temperaturas elevadas será un factor a monitorear con atención, especialmente en cultivos sensibles a golpes de calor y situaciones de estrés prolongado.
Las probabilidades de heladas se mantienen dentro de valores habituales.
Para la región centro:
Al desplazarnos hacia el centro y sudeste de Santiago del Estero, el comportamiento climático se vuelve más contrastado.
En esta región:
Durante el invierno, las lluvias serían prácticamente nulas, mientras que las altas temperaturas se mantienen con fuerza hasta marzo, algo habitual para la zona, pero que requiere atención por su persistencia.
En cuanto a heladas:
Este análisis de largo plazo permite construir una primera lectura estratégica del escenario climático, entendiendo que el seguimiento de corto plazo será clave para ajustar decisiones en tiempo real.
Contar con este tipo de perspectivas no elimina la incertidumbre, pero sí permite: